Hoy he visto en el espejo a una tipa triste, desconcertada y con sobredosis de melancolía. Alguien que acababa de enfrentarse a un divorcio emocional de quien fue “el guardian” durante los días más maravillosos que vivió en pareja. Ahora ella está triste porque el hombre era genial y vuelve a estar sola, a la espera de reencontrar de nuevo al anterior y auténtico chico con quien andar el sendero.
Él piensa que lo mejor es estar solo para no dejarse despistar por las palabras de los demás, de aquellos que dicen que la libertad no existe, que la soledad es mala, que para ser libre hay que estar solo, que mejor solo que mal acompañado, que una cosa y que todo lo contrario. Las personas que eligen estar solas,seguramente son los mismos que opinan que el amor caduca, que la pareja idónea no existe y muchas otras cosas que quizás sean ciertas para algunos o bien falsas para todos.
Ella fuerza una sonrisa. Intenta sentir los músculos de su rostro para no olvidar cómo sonreír. Porque sabe que pronto volverá a reír. Porque sabe que la tristeza más profunda que pueda sentir no echará raíces en su corazón. Porque hace tiempo que ha empezado a cuidar el jardín de su interior y sabe qué plantas y flores quiere que crezcan y cuales no. Porque ve la tristeza como a un cometa en la noche, como algo que sucede naturalmente cada cierto tiempo y que pasa, fugaz.
No culpa a Cupido por el fin de la relación, ni a Dios, ni mucho menos a él ni a ella misma. No hay culpables porque no hay delito ni crimen. Ha bebido de la Fuente del Amor Verdadero y da gracias al Universo entero por la alegría vivida. Aunque la ausencia y el recuerdo de esa alegría es la que hoy le empaña el alma y le enfrenta al vacío.
Y así es cómo, cada día más loca y más enamorada, la tipa del espejo va venciendo y siendo vencida batalla tras batalla. Mientras, sigue su camino, un camino que le lleva hacia el Sol, pasando por la Luna, y sonríe a las Estrellas, aunque a veces se apagan de golpe.
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