martes, 1 de abril de 2014

¿Qué es lo que nos define como hermanos? ¿La sangre? 

No lo creo, a veces el vínculo de la hermandad va mucho más allá de unos lazos sanguíneos. Es un vínculo que se crea con confianza, amor y apoyo.

Hemos pasado mucho tiempo juntos, todavía me acuerdo de nuestros bocatas de nocilla en la puerta de casa de abuela, de tus calmantes vitaminados o tus maneras de meterme miedo con Fredy. De nuestras mil y una peleas en las que yo siempre salía ganando, nuestras mil y una hazañas. Me acuerdo de todo eso como si fuera hoy.

Hemos vivido momentos muy muy buenos y también momentos tristes y feos que muy unidos hemos podido superar. Tenemos la gran suerte de haber sido educados, y de haber aprendido muchas cosas de nuestros grandes padres. Los que nos repiten las cosas una y otra vez, los que a veces se pasan de pesados, con los que a veces nos enfadamos pero que siempre siempre nos han ayudado y guiado en nuestras vidas. 

Me encantaría tocar la guitarra y cantar tan bien como tú, me encantaría ser tan alta como tú, pero algo que realmente me gustaría tener es un corazón tan enorme como el tuyo.
Eres grande, eres amor puro y un gran apoyo para mi, y aunque no te lo diga a menudo, estos 7 meses fuera de casa, no ha pasado ni  un solo día en el que me acuerde de ti, pero no te vengas arriba, que estoy muy tranquila, no tengo una voz cascarrabias detrás de mí que me riñe si tengo en cada rincón de mi habitación un sujetador tirado o una camiseta mal plegada. 

Tú que siempre has estado a mi lado, que me has visto como nunca nadie jamás me ha visto. Ante ti he mostrado un verdadero yo.  Un yo sin mascaras, un yo que no tiene que recurrir al sarcasmo para ocultar lo que siente. 

A ti que te he confiado secretos y hazañas que nadie jamás sabrá. Tú eres quien siempre me apoya y me empuja a seguir en todos mis proyectos. A ti que eres mi mitad, de sobras sabes que eres el primero en mi vida. Gracias por ser como eres, gracias por todo, por existir y sobre todo gracias por elegirme.