¿Qué
es lo que nos define como hermanos? ¿La sangre?
No lo
creo, a veces el vínculo de la hermandad va mucho más allá de unos lazos
sanguíneos. Es un vínculo que se crea con confianza, amor y apoyo.
Hemos
pasado mucho tiempo juntos, todavía me acuerdo de nuestros bocatas de nocilla
en la puerta de casa de abuela, de tus calmantes vitaminados o tus maneras de
meterme miedo con Fredy. De nuestras mil y una peleas en las que yo siempre
salía ganando, nuestras mil y una hazañas. Me acuerdo de todo eso como si fuera
hoy.
Hemos
vivido momentos muy muy buenos y también momentos tristes y feos que muy unidos
hemos podido superar. Tenemos la gran suerte de haber sido educados, y de haber
aprendido muchas cosas de nuestros grandes padres. Los que nos repiten las
cosas una y otra vez, los que a veces se pasan de pesados, con los que a veces
nos enfadamos pero que siempre siempre nos han ayudado y guiado en nuestras
vidas.
Me encantaría
tocar la guitarra y cantar tan bien como tú, me encantaría ser tan alta como tú,
pero algo que realmente me gustaría tener es un corazón tan enorme como el
tuyo.
Eres grande, eres amor puro y un
gran apoyo para mi, y aunque no te lo diga a menudo, estos 7 meses fuera de
casa, no ha pasado ni un solo día en el
que me acuerde de ti, pero no te vengas arriba, que estoy muy tranquila, no
tengo una voz cascarrabias detrás de mí que me riñe si tengo en cada rincón de
mi habitación un sujetador tirado o una camiseta mal plegada.
Tú que
siempre has estado a mi lado, que me has visto como nunca nadie jamás me ha
visto. Ante ti he mostrado un verdadero yo. Un yo sin mascaras, un yo que no tiene que
recurrir al sarcasmo para ocultar lo que siente.
A ti
que te he confiado secretos y hazañas que nadie jamás sabrá. Tú eres quien
siempre me apoya y me empuja a seguir en todos mis proyectos. A ti que eres mi
mitad, de sobras sabes que eres el primero en mi vida. Gracias por ser como
eres, gracias por todo, por existir y sobre todo gracias por elegirme.