También se lo que tengo, lo que soy. Y a donde quiero que lleguen mis pasos. He revisado todas mis huellas. He vivido la vida en mayúsculas, he sentido como el viento borraba mis lágrimas hasta lanzarlas sin billete de vuelta hacia la inmensidad del oceano. Como una melodía, tocada en el preciso momento, puede ser la más inmensa declaración de libertad. Cómo las agujas desgarraban mi cuerpo hasta dejar algunos cuantos tatuajes sobre la superficie de mi cuerpo. Y algunos otros en lo más hondo de él. He visto amanecer en compañía de mi soledad, en compañía de mi vida. Y la he cogido del hombro, como dos buenas amigas que se reencuentran después de largos años. He visto como dos corazones se fundían en uno al compás de una sola respiración, jadeante, arrítmica, pero una. Como las drogas recorrían mi cuerpo hasta mezclarme en un estallido de luces, color y música. Como mi pelo volvía a crecer, como unos ojos me amaban. He visto como suaves lágrimas recorrían mi rostro mientras unos labios sellaban un pacto con mi cuello. He corrido, he gritado al mundo mi nombre. He vibrado con una sola nota, he compartido, he amanecido en unos brazo y anochecido en otros. He saltado de alegría, he robado palabras, he elegido. He bailado hasta no sentir ninguna extremidad, he brindado por los que se fueron y por los que vendrán. He besado pocas veces a uno y muchas a otro. He reclamado mi parte del pacto, he dejado el corazón en casa. He vuelto corriendo a cogerlo. He sido buena, he sido mala. He sido yo. Me he quedado sin aliento. He aprendido que lo más horrible es una vida no vivida, y que cada día es un muro en blanco en el que soltar brochazos. Que el tiempo no se pierde, se gana. Que seguiré perdiéndome entre mil mares, aun sabiendo donde está mi puerto. Que no seré libre, pero ya nada me ata.
He corrido hasta llegar a aquel paso de peatones y sentarme a respirar, a admirar a aquellos que un día se atrevieron a cruzarlo. Que uno vive lo que decide vivir. Que las mañanas de domingo son mías, nada más. He depositado un trozo de mi alma en aquellos que aparecieron de la nada, con el único objetivo de hacerme feliz. He visto arte, música, poesía en una sola persona, en un solo cuerpo. He conocido al hombre de mi vida, aunque no la termine con él. O si. He visto girar las manecillas del reloj de la plaza al ritmo de mi vida. Entonces me he acordado de la aquella muerta en vida, aquella que un día perdió su fe en la música, su fe en el arte, su fe en la vida. Y he sonreído. He sonreído como probablemente no lo haya hecho nunca. Porque si estoy enamorada ,por encima de todo, estoy enamorada de mí. Y pienso seguir dándome todo el amor que un día me negué, todas las caricias que un día me fueron arrebatas, todos los despertares que comenzaban con cuentas atrás hasta la noche, toda la vida que decidí matar.
He vuelto, a mejor o a peor, pero aquí estoy. Tengo las cosas mucho más claras. Soy audaz y fuerte y estoy hecha solo a mi voluntad. Y estoy preparada para seguir viviendo.
