Agosto de 2011-Tenerife. ¡Qué calor y qué buen tiempo! Voy a
llamar a mi madre para darle un poco de envidia, ella pagaría por estar aquí
conmigo, en la playa con una cerveza y unos boquerones de esos que tanto nos
gustan.
Llamar al móvil de papá y que no responda es lo más extraño
que puede ocurrir, él es el típico que no se separa del móvil ni un minuto
cuando yo estoy fuera. Bueno, quizá estén haciendo la compra- pensé. Probé con
mi hermano, y ocurrió lo mismo. Bueno, hoy es el día en el que todo el mundo se
niega a cogerme el móvil. Al rato llaman a la puerta de mi habitación del hotel
en el que estaba trabajando de prácticas, eran las siete de la tarde, yo no
esperaba a nadie. Cenábamos a las ocho de la tarde, y Adri, mi jefe me visitó;
él estaba todo el rato preguntándome, ‘’Qué pasa loca estas bien? Estas contenta?’’
Y yo le respondí, sí genial, luego tenemos cena con los niños y esta noche
jarana. Así que de maravilla, me voy a romper a bailar esta noche en el
Achaman. Y la conversación fue interrumpida por la llamada de mi padre, yo muy
enfadada porque nadie me había contestado al teléfono. Cuatro palabras me
cambiaron los planes y el día, más tarde cambiarían mi vida; ‘’Cristina tienes
que volver’’. Me puse a gritar como una loca, en diez días volvía a la
península, por qué he de hacerlo antes. Según él mi madre se había desmayado,
preguntaba por mí todo el rato y quería verme. Debía coger el primer vuelo. Mi
jefe insistía en que DEBIA hacerlo sí o sí, él ya era sabedor de todo lo que me
iba a encontrar en Zaragoza.
Ocho de la tarde y yo como loca buscando el primer vuelo,
salía esa misma madrugada así que lo compré, pero claro yo sin mucha
preocupación, un desmayo es un desmayo, así que me fui de cena con mis
compañeros para despedirnos.
Cogí el avión, me pegue casi todo el vuelo llorando, no
quería volver, sabía que iba a echar de menos a todos los que me hicieron pasar
un verano inolvidable, pero tenía miedo de lo que me iba a encontrar. Llegar al
hospital, levantar la mirada y ver ‘’UCI’’ me hizo sentir un nudo en la
garganta enorme y mucho miedo, pero no era momento de miedos. Cuando me
encontré a mi madre con media cabeza rapada al uno, inducida por mil drogas y
rodeada de mil collares en forma de aparato sabía que su vida y la nuestra iban
a cambiar. De manera ipso facta las lágrimas a mares, qué digo a mares, a océanos,
llegaron. Las esperas, los horarios de visita, las personas que aunque estén
ahí no consuela, los informes médicos de ‘sigue igual’ no podemos decir nada
más, era el peor plato de cada día. Yo recuerdo que te hablaba, y días después
abriste los ojos, tu mirada perdida y tus intentos de arrancarte el oxígeno
eran graciosos, como una niña pequeña.
Y con 48 años aprender a andar de nuevo, todo era muy
cómico. ¡Quién te lo hubiera dicho a ti! Si de algo era consciente fue que
tenía que acostumbrarme a ti, pasé de ser tu niña pequeña a sentirme tu madre.
Tú de ser independiente a ser dependiente, me hice adulta en cuestión de días.
Hacía 18 años que tú me habías llevado en el carrito de bebé y nos cambiamos
los papeles, a mi me tocaba empujar tu silla de ruedas. Ahora sólo necesitas mi
brazo cuando te cansas, porque con tus tres piernas te manejas.
Hoy, en el día mundial de ictus debería haberte grabado en
vídeo para que mandaras un empuje de energía y positivismo, de ese que a ti te
sobra, a mucha gente que lo necesitará. Si algo has dejado claro es que has
aprendido mucho de esta enfermedad, crees en lo positivo y en lo esperanzador y
has sacado de donde ni existe la paciencia infinita con las que cuentas cada
día.
Un ictus puede ocurrirle a cualquiera, detrás de un ictus
hay una nueva persona y una nueva vida de la cual no se debe desaprovechar ni
un solo segundo, porque lo que tu hoy tienes, mamá, es una nueva oportunidad de
vida. La más luchadora. La más fuerte. La más mejor. Gracias por luchar y
luchar y no abandonarnos antes de hora.
Septiembre 2011 Octubre 2011
Diciembre 2012



En el mundo existen 3 tipos de personas:
ResponderEliminarPersonas muy bellas, personas que escriben muy bien y Cristina.
Grande